viernes, 4 de noviembre de 2011

AUTORIDAD TRANSFERIDA

El Oficio de las Llaves, una autoridad para ejercer en casa




Es interesante observar cómo acomodamos los espacios en nuestra casa, qué posición tendrán los muebles, por ejemplo, en el living: ¿tendrá la televisión un lugar destacado? ¿Acaso no debería tener prioridad la Palabra de Dios?


¿Generamos un espacio en nuestro hogar para entablar charlas familiares? ¿Tal vez con un buen mate y una rica torta o churros? En nuestros tiempos donde "el tiempo apremia y parece no alcanzar las 24 hs" ¿será posible crear un espacio para la devoción familiar, la confesión y absolución de pecados? Sí, es posible y es necesario generar ese espacio, acomodar los muebles para eso, acomodar los horarios, encontrar el tiempo y el padre de familia puede dirigir esa reunión, puede ser un promotor de esos espacios junto a su esposa e hijos.


Confesar los pecados y dar la absolución en un espacio íntimo como la familia, es realmente muy gratificante. Sería fabuloso comenzar con una frecuencia semanal y luego ir aumentando a tal punto que dicha reunión se convierta en espacio necesario e irremplazable como la comida es irremplazable para nuestro cuerpo. 


El Oficio de las Llaves (explicación que encontramos en el Catecismo Menor de Martín Lutero) se define como "el poder peculiar que nuestro Señor Jesucristo ha dado a su iglesia en la tierra, de perdonar los pecados a los penitentes y de retener los pecados a los impenitentes mientras no se arrepientan". Este oficio se administra de dos formas:

  • Pública: en los cultos y de manera pública mediante el pastor elegido y llamado por la congregación cristiana local y que se puede distinguir claramente en el momento de la confesión y absolución de los pecados durante el culto.
  • Privada: nadie es obligado a la confesión privada, no obstante, en ella el cristiano obtiene el consuelo de que se le otorga una absolución personal e inmediata (para no esperar hasta el día cuando se celebre un culto) donde al mismo tiempo puede pedir la remisión de los pecados que particularmente pesan sobre su corazón y agobian su conciencia (Cm. Pág. 166, edición 1981)

Aquel hijo o hija de Dios que comprenda correctamente este uso peculiar, es decir, espiritual, de la confesión y absolución de pecados, tendrá la capacidad Y LA ENORME RESPONSABILIDAD CRISTIANA de abrir o cerrar las puertas del cielo (llaves) dar vida y salvación o muerte y condenación a aquella persona que se le acerca buscando auxilio y ayuda divina.

Historias bíblicas como la del "Padre que perdonó a su hijo pródigo cuando éste regresó penitente" son excelentes historias para una charla familiar (Lucas 15:11-24). Otras referencias bíblicas pueden ser:
  • Los Salmos Penitenciales: 6, 32, 38, 51, 102, 130, 143; 
  • El Fariseo y el Publicano (Lucas 18:13)
  • Cuando Pedro lloró amargamente (Mateo 26:75)

Para pensar: "atan a tus manos y tus pies a una enorme piedra. Estas parado al borde de un abismo y en el fondo te esperan profundas y oscuras aguas. Si no confiesas tus pecados, esa piedra te arrastrará al fondo del abismo (atar/no perdonar tu pecado) y allí morirás para siempre. Pero si confiesas tus pecados, se te desatarán (desatar/perdonar tu pecados) las cadenas y solamente caerá la enorme piedra al fondo del abismo (tu pecado) pero tú has salvado tu vida. Ahora vuelve al camino angosto que lleva a la vida eterna. Cree en el Señor Jesús y será salvo, tú y tu casa. (Ref.: comparar con lo que dice Jesús en Mt. 18:6)















viernes, 28 de octubre de 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

DEVOCIONES PARA LA FAMILIA


DEVOCIÓN para compartir con la familia en la celebración del "Día de la Reforma"

Pequeña pero... Grande

El Catecismo Menor de Martín Lutero, encontramos una pequeña frase que dice: "Como jefe de familia, debe enseñarlo con toda sencillez en su casa".

Esta frase, por más pequeña que sea y que no debería pasarse por alto, demanda una gran responsabilidad para el jefe de familia.

Sin embargo es una responsabilidad que debe llevarse a cabo con total sencillez. Parece fácil, ¿verdad? Algunos sabios consejos no vendrían mal y Martín Lutero no dudó en dejarlo para nosotros. Enumeramos algunos:

1.    Escoger una forma buena del texto del catecismo y de la Biblia y adherirse a ella año tras año, para no confundir a los niños y jóvenes por cambio en el texto.

2.   Exigir e insistir que los alumnos aprendan los textos bíblicos y del catecismo de memoria, palabra por palabra, repitiéndolo muchas veces, hasta que les quede grabado en la memoria para toda la vida.

3.   Cuando hayan aprendido el texto de memoria, enseñarles también el sentido del mismo, de manera que conozcan su significado.

4.   Después de haberles enseñado el Catecismo Menor, tomar el Catecismo Mayor e impartirles un conocimiento más abundante y extenso.

5.   Por último como ya la tiranía del papa ha desaparecido, encontramos que muchos no acuden a la Santa Cena, sino que la desprecian. Por lo tanto, es necesario que apremiemos con esto, sin olvidar desde luego que no debemos forzar a nadie a que crea o a que reciba la Santa Cena, ni tampoco fijarle ley, tiempo, o sitio para la misma, sino que debemos predicar de tal manera que podamos inculcar en ellos el deseo de acudir a los Sacramentos... esto lo podemos lograr diciéndoles que si uno no solicita o desea participar de la Santa Cena al menos cuatro veces al año, desprecia el Sacramento y no es cristiano, poniéndose al nivel de aquel que no cree o rehusa oír el Evangelio.

Preste atención a los verbos en estos 5 consejos y verá que la tarea es sencilla, ¿verdad? Considero que los sabios consejos de Martín Lutero implican que el jefe de familia no puede desentenderse de sus responsabilidades o al menos una de ellas: facilitar y/o generar los espacios familiares para meditar en la Palabra de Dios guiados por un catecismo, por ejemplo. 

Quiera Dios que en este tiempo de reforma podamos volver a la fuente de toda verdad, vida y salvación, la Biblia donde encontraremos la salvación por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor. Amén.

Oración: Amado Señor y Padrenuestro, confesamos nuestros pecados ante ti con toda sencillez, esperando tu perdón y misericordia sobre nosotros. Rogamos tu bendición que derramas mediante tu Espíritu Santo para constantemente volvamos una y otra vez a tu Palabra y tus Sacramentos. Por Jesús, Amén.